Un serio desequilibrio fisiológico es la deshidratación, excesiva pérdida del agua. La sudoración abundante la facilita, además de acompañarse con eliminación de sodio, potasio, magnesio y espesamiento de la sangre, con las consecuentes alteraciones de "atascos metabólicos", nutrición y limpieza celular.
La deshidratación inicia un aumento de temperatura interna, que progresa a cansancio, pérdida de fuerza muscular, contracturas, agotamiento severo e inclusive pérdida de conocimiento. Se admite que llegar a una pérdida de un 20% de líquidos orgánicos produciría la muerte.
Un litro de sudor contiene entre 1 y 2 gramos de sodio, y su eliminación origina la aparición de cansancio, calambres e falta de concentración. La carencia de potasio y magnesio afecta la conducción nerviosa y la contracción muscular; además hay pérdida de vitaminas C y B1, ambas colaboradoras en diversos procesos metabólicos.
El cuerpo humano sometido a esfuerzo físico puede requerir de 3 a 8 litros de agua diariamente, dependiendo de la temperatura, humedad, esfuerzo y grado de entrenamiento, edad, etc... Por todo ello es aconsejable beber un vaso de agua fresca cada 15–20 minutos de esfuerzo físico.
Las bebidas isotónicas contienen una concentración en sales y algunos nutrientes similares a los del suero sanguíneo. Su absorción por el aparato digestivo es fácil y aunque es recomendable su uso en la práctica de deportes no se descarta el poder utilizarlo como refresco habitual. Su contenido calórico no debe superar las 30–50 kcalorías por cada envase (latas de 200 c.c.).
Si bien el agua es una remedio fundamental en el deporte y en la sudoración, en general, las bebidas isotónicas comerciales o caseras pueden añadir un grado de reposición más efectivo.
El contenido de azúcar no debe superar los 2–3 gramos por cien de líquido, porque una excesiva subida de glucosa en sangre puede favorecer una hipoglucemia reaccional. De ahí que algunos expertos aconsejen diluir al 50% con agua el contenido de cada lata de alguno de estos refrescos.
